Paper Hearts



El cielo se ha cerrado por completo, teñido de un gris plomizo que parece pesar sobre mis hombros. El aire está denso, cargado de ese olor a tierra mojada que anuncia lo inevitable. 

Mientras te veo arreglarte frente al espejo, a mi cabeza vienen, en un golpe seco, todos los recuerdos y momentos vividos. El bullicio de la multitud llega hasta aquí como un eco sordo, recordándome que quedan apenas cinco minutos para que salgas a brillar al escenario, como siempre lo has hecho, como si hubieras nacido para fundirte con ese resplandor.

Desde niños nos refugiamos el uno en el otro. Me haces sentir como si todavía fuéramos jóvenes en cada ráfaga de memoria; en este mundo lleno de mentiras y fachadas, nosotros éramos lo único real. 

Fuimos dos extraños tratando de no ahogarnos en este mar de luces artificiales, pero tú encontraste tu lugar y tu paz en este caos. Yo, en cambio, me siento como una nota desafinada en una canción perfecta. Ya no quiero esto; no es mi lugar y me siento perdido entre flashes que me ciegan en lugar de iluminarme. 

Le he dado tantas vueltas a cómo decirte lo que siento. No quiero lastimarte, pero me estoy desgarrando por dentro al intentar quedarme. Eres la persona más linda y dulce, lo mejor que pude rescatar de este naufragio, pero necesito un descanso de ser quien no soy. No creas que olvidaré lo que fuimos, porque me lo llevo tatuado, y espero que tú tampoco lo olvides. Espero que aprendas de todo lo que vivimos, que cada herida y cada risa te sirvan de armadura ahí fuera.

Te pones de pie. Es la hora. Te llamo por tu nombre y, justo en ese instante, el cielo rompe a llorar. Se escucha el primer golpe de la lluvia sobre el techo de lona. 

Miro a nuestro alrededor: tantos cuadernos y letras que fueron nuestra vida. Con este trabajo aprendí que los corazones son de papel y que hoy me toca rasgar un pedazo del tuyo para conservarlo como mi objeto más preciado; pero no creas que el tuyo será el único que se desgarre. El mío se queda aquí, hecho jirones.

Vas a estar bien, lo sé, ya lo eres todo. Y espero que yo también pueda estarlo algún día.

Es hora de irme y es hora de que tú salgas. Tu maquillaje, que estaba perfecto hace un segundo, ha comenzado a correrse mientras me miras. Nadie allá afuera se dará cuenta; el público solo verá a una estrella entregándose bajo la tormenta. Todos culparán a la lluvia, pero solo nosotros sabremos que el agua hoy no viene del cielo, sino de la verdad que acabamos de romper.